Me encanta duro con Foxdulce, ¡caliente y salvaje!
A mediodía, en su departamento con cortinas a medio cerrar, te la encuentras a Foxdulce ya lista para ti: minifalda subida hasta el culo, tanga mojado pegado a su raja, ojos de puta pidiendo que la domines. La agarras del pelo, le empujas la cara contra tu verga ya dura, y sientes cómo su boca caliente te la traga entera, hasta que el primer gemido ahogado te llena los huevos. Le das vuelta, le bajas la tanga de un tirón, y al ver ese culo prieto y rosado, no aguantas más: te la metes de una sola embestida, escuchando cómo su coño chorreante te aprieta la polla mientras grita ‘¡Más, dame más!’. La empotras contra la pared, le pasas la mano por el cuello, sintiendo cómo su cuerpo se estremece cada vez que tus caderas chocan contra ese trasero perfecto. Le das nalgadas, le ordenas que no se corra todavía, y cuando ya no puede más, te la sacas, te la pones sobre la cama, y le dices que te la chupe otra vez, esta vez más lento, sintiendo cómo su lengua juega con la punta de tu verga. Te la metes hasta las pelotas, la haces gemir como una perra en celo, y cuando ya no puedes aguantar, te corres en su cara, manchándole esos labios carnosos. Al terminar, ves el tanga tirado en el suelo, todavía húmedo de su coño.