Mi cuñada insaciable empieza a usar mi verga por venganza
—¿Te gusta lo que ves, Felipe?— te susurra al oído antes de morderse el labio y agarrarte la polla sin piedad. Es tu cuñada, la que siempre te miraba con desprecio, ahora arrastrándose por tu culo grande y tu verga monstruosa, decidida a probar lo que tanto negaba. Sientes cómo te la chupa de rodillas, sus tetas enormes rebotando contra tu vientre mientras te la traga hasta las pelotas, los gemidos ahogados haciendo vibrar tu piel. La empujas contra la pared y le subes el vestido, descubriendo ese coño rosado y mojado que clama por ser lleno, el olor a excitación inundando el aire. La levantas en brazos y la empotras contra el espejo, sosteniendo sus nalgas firmes mientras la penetras de una estocada brutal, el choque de carne resonando en toda la habitación. Ella grita tu nombre, las uñas marcando tu espalda mientras te aprieta contra ella, sintiendo tus bolas golpear su culo cada vez que te entierras hasta el fondo. Le das vuelta y la pones a gatas, abriéndole las mejillas para mirarle el ano apretado y el coño chorreando, antes de agarrarle el pelo y follarla como una perra en celo, los gemidos convertidos en alaridos. Te corre dentro, el semen caliente inundando su interior mientras ella grita de placer, pero no te detienes, siguen embestidas profundas hasta que los dos colapsan sobre el piso, sudando y temblando.