April Paisley castiga con patadas en las pelotas sin piedad
La sala del hotel estaba iluminada por velas, con el olor a cera derretida mezclándose con el sudor de nuestros cuerpos. Ella me retó a ver si aguantaba lo que tenía preparado, pero desde el primer golpe supe que esto sería un puto infierno. April Paisley, con sus tacones de aguja, empezó a golpearme las pelotas con precisión, riéndose cada vez que me encogía. La muy puta disfrutaba viéndome en el suelo, gimiendo mientras ella no dejaba ni un segundo de patear. Mis huevos ya estaban morados, pero ella no paraba, exigiendo que me levantara y aguantara como un hombre. Cuando ya no pude más, me obligó a lamerle las botas mientras me humillaba con palabras sucias. Me corrió en la cara como castigo final, dejando su marca en mi piel. La sábanas estaban manchadas de semen y el olor a sexo llenaba el aire. Sus tacones seguían perfectos, brillando bajo la luz de la lámpara.