Vecina cachonda se deja empotrar en vivo por cámara
Desde que la vio por la ventana con ese body ajustado que le marcaba cada curva, no pudo evitar que el calentón le nublara la razón. Le mandó un mensaje con una foto de su verga bien dura y ella respondió con un audio gimiendo mientras se mojaba el coño con los dedos. En menos que canta un gallo, la muy puta abrió la puerta con el tanga ya empapado y la mirada llena de lujuria, lista para que le metiera la polla hasta el fondo. La empujó contra la pared del pasillo y le arrancó el top sin pensarlo dos veces, dejando al descubierto sus tetas redondas que botaban con cada respiro entrecortado. Le bajó el short hasta los tobillos sin soltar su grueso miembro, que ya goteaba gotas de pre-semen sobre su muslo tembloroso. Antes de que pudiera reaccionar, la agarró del pelo y le empotró la verga hasta la garganta, ahogándola con gemidos ahogados mientras le agarraba las nalgas para clavársela más adentro. La vecina no pudo articular palabra, solo arqueó la espalda con un grito ronco cuando sintió cómo le llenaba el coño de embestidas brutales, el sonido de los cuerpos chocando se mezclaba con los susurros obscenos que le susurraban al oído. Cada empujón le sacaba un chorro de sus jugos por las piernas, el sofá de su sala quedó manchado de humedad mientras él la doblaba sobre el respaldo, agarrándola de las caderas para darle por el culo sin piedad. Los gritos de ella se volvieron incontrolables, pidiendo más hasta que sintió cómo su polla se hinchaba dentro del coño, anunciando que la corrida estaba cerca. Con un último empellón brutal, le enterró la verga hasta las pelotas y se corrió a chorros dentro de ella, sintiendo cómo le temblaban las piernas al sentir el líquido caliente resbalando por sus muslos. Cuando por fin la soltó, la vecina quedó tirada en el piso con las piernas abiertas, el coño todavía palpitando mientras se limpiaba los restos de corrida que le escurrían por el culo.