Stella me desafió a domar sus tetas gigantes en 12 minutos
Yo ya sabía que Stella era una provocadora, pero ese día se pasó de la raya. Me miró con esa sonrisa de puta que usa cuando quiere que le demuestre algo, y me dijo que si creía que podía manejar sus tetas perfectas. Le respondí que iba a hacerla gemir hasta que se le olvidara el nombre, y ella solo se rio mientras se desabrochaba la blusa para mostrarme esas tetas enormes que rebotaban con cada movimiento. Empecé chupándole los pezones, mordisqueándolos hasta que los tenía duros como piedras, mientras mis manos apretaban su culo redondo. Ella se retorcía, pero no iba a dejarla ganar tan fácil. La puse de rodillas y le metí la polla hasta la garganta, sintiendo cómo sus labios carnosos me apretaban mientras tragaba cada gota de saliva que le dejaba caer. Stella gruñía, pero yo sabía que estaba mojada, así que la tiré sobre la cama y le abrí las piernas para ver ese coño depilado brillando de lo excitada que estaba. Metí los dedos de golpe, sintiendo cómo su carne caliente me envolvía, y ella gritó cuando los moví en círculos contra su punto G. No le di tregua, empotrándola contra el colchón mientras le follaba el coño con los dedos y le chupaba los pechos. Stella intentaba resistirse, pero cada vez que le tocaba el clítoris, sus muslos temblaban y sus gemidos se volvían más fuertes. Sabía que estaba cerca, así que saqué los dedos y la puse de cuatro patas, metiéndole la polla de una estocada hasta que sus caderas chocaron contra mí. La follé duro, sintiendo cómo su coño apretaba mi verga con cada embestida, hasta que ella empezó a suplicar que me corriera dentro. Pero no iba a dejarla ganar, así que seguí embistiéndola hasta que su cuerpo entero se tensó y se vino gritando mi nombre. Cuando me corrí, fue tan fuerte que Stella se quedó temblando, pensando que nadie la había follado así antes.