Sky Pierce se entrega al oficial Rusty Nails en su oficina
El sonido de los tacones de Sky Pierce resonó en el pasillo vacío de la oficina mientras se acercaba a mi puerta con esa mirada de zorra que me vuelve loco. Sabía que no debería estar ahí, que cualquiera podía entrar en cualquier momento, pero el riesgo solo me ponía más duro. La agarré por la cintura y la empujé contra la pared, sintiendo cómo su coño ya estaba mojado antes de que siquiera le quitara la ropa. Sus gemidos ahogados se mezclaban con el sonido de mi polla entrando y saliendo de su concha apretada, mientras le tapaba la boca para que no la escucharan los de contabilidad. Cada embestida la hacía temblar, y sus uñas se clavaban en mi espalda mientras me rogaba que no parara. El peligro de que nos descubrieran solo nos excitaba más, y cuando sentí que estaba a punto de correrme, la giré y la empotré contra el escritorio, follándola como una perra en celo. Sus muslos temblaban y su coño se contraía alrededor de mi verga, hasta que finalmente me vine dentro de ella con un gruñido sordo. Cuando terminamos, su falda estaba arrugada en el suelo y mi leche goteaba por sus muslos.