La hijastra curvy se deja seducir por su padrastro calentón
Desde que su padrastro se mudó a la casa, la rubia de curvas explosivas no podía evitar mirarle el bulto cada vez que pasaba por su lado, sobre todo cuando llevaba esos pantalones ajustados que le marcaban hasta la última vena de la polla. Él, que no era tonto, empezó a notar cómo los ojos de la joven se le clavaban en la entrepierna como si fuera un imán, así que una tarde, mientras su madre estaba trabajando hasta tarde, dejó caer la excusa perfecta para quedarse solos: 'Necesito ayuda con la computadora'. Ella, con el coño ya mojado y el corazón acelerado, no pudo resistirse cuando él le pasó el brazo por los hombros 'accidentalmente' mientras le enseñaba cómo abrir el archivo equivocado. Con solo rozarle el muslo con los dedos, la chica sintió que el calor le subía por la espalda y le empapaba las bragas, así que decidió tomar la iniciativa: se inclinó hacia adelante, dejando que sus tetas enormes casi se le salieran de la camiseta, y le susurró al oído que llevaba días soñando con sentir su polla dentro. Él, sin poder aguantar más, la agarró de la cintura y la empujó contra la pared, bajándole los pantalones de chándal de un tirón para dejar al descubierto ese culito prieto y redondo que tanto le ponía. La chica gimió fuerte cuando notó su aliento caliente en el cuello mientras le mordisqueaba el hombro, pero lo que la volvió loca fue sentir cómo su mano grande y callosa le apretaba una teta con fuerza mientras le metía dos dedos en el coño empapado. 'No aguanto más, padrastro', jadeó ella, mordiéndole el labio inferior con desesperación, 'quiero que me empotres hasta dejarme sin sentido'. Él no necesitó más invitación: la levantó en volandas, le arrancó las bragas de un tirón y la empaló contra la pared con una embestida brutal que la hizo gritar mientras sus jugos le resbalaban por los muslos. La polla gruesa le llegaba hasta el fondo del útero con cada empujón, y ella no paraba de gemir como una puta en celo, suplicándole que no parara hasta hacerla correrse. Cuando por fin la dejó caer sobre el sofá, la chica se arrodilló en el suelo y le chupó la polla como una posesa, lamiendo cada vena hasta dejarla bien brillante y dura, antes de que él la volviera a empalar boca abajo contra el respaldo, agarrándole las caderas con fuerza mientras le daba estocadas profundas que la dejaban sin aliento. El sonido de sus cuerpos chocando resonaba en toda la casa, mezclado con los gritos de ella pidiendo más hasta que, por fin, el orgasmo la atravesó como un rayo, haciendo que se corriera sobre su polla con espasmos que le sacudían todo el cuerpo mientras él le llenaba el coño de leche caliente hasta que no quedó ni una gota que perder.