Chiquita de tetas petites se deja empotrar como loca
Isabella no podía sacarse de la cabeza el culo prieto y redondo de Ryan desde que lo vio en la playa sin camisa, así que hoy se coló en su casa con un vestido que apenas le cubría el coño. Él estaba tieso como un palo al abrirle la puerta, con la polla palpitando bajo los pantalones ajustados y sin perder ni un segundo se la clavó contra la pared del recibidor. La chiquita lanzó un gritito agudo cuando sintió esa verga enorme abriéndole el coño mojado, pero no opuso resistencia, más bien se arqueó hacia atrás para que le entrara más hondo mientras le chupaba el cuello como una perra en celo. Ryan la agarró fuerte de las caderas y empezó a embestirla sin piedad, cada empujón le hacía rebotar los pechos pequeños y firmes contra su pecho, mientras ella gemía con voz ronca y le suplicaba que la dejara correrse sobre su polla gruesa. El sonido de los choques de carne húmeda llenaba el salón mientras le arrancaba el tanga de encaje con los dientes, dejando libre ese culito prieto que no paraba de moverse buscando más profundidad. Isabella se corrió primero, con espasmos violentos que le apretaron el coño de tal manera que casi lo ahoga en su leche caliente, pero Ryan no aflojó, siguió empotrándola contra el sofá hasta que sintió sus bolas llenas de leche a punto de reventar. Cuando por fin se vino dentro de ella, la llenó hasta el fondo con chorros gruesos que le hicieron sentir cada gota resbalando por sus muslos temblorosos, dejando a ambos jadeando y sudados sobre los muebles destrozados. El olor a sexo y a coño mojado impregnó toda la habitación mientras ella se quedaba pegada a su cuerpo, mordisqueándole el hombro y susurrándole que no se fuera nunca, porque esta vez el juego no se quedaba en miraditas de vecindario.