Rubia caliente gime con dedos y polla gruesa
Desde que la vio en el pasillo del instituto con ese uniforme ajustado, él no podía sacársela de la cabeza. La rubia Emma, con sus tetas pequeñas pero duras y ese culito respingón, lo miraba con una sonrisa pícara cada vez que pasaba. Hoy, en su apartamento, la tiene tumbada boca arriba sobre el sofá desgastado, con las piernas abiertas mostrando su coño empapado y los dedos jugueteando con sus labios hinchados mientras le susurra guarrerías al oído. Él se inclina y hunde la lengua entre sus pliegues, lamiendo con avidez hasta que ella empieza a gemir fuerte, agarrándole el pelo para que no se detenga. Emma se retuerce bajo sus caricias, chupando su gruesa polla con desesperación, metiéndosela hasta la garganta sin importarle el sabor a pre-semen que le recorre la lengua. De pronto, la gira boca abajo y la empotra contra el colchón, hundiendo su verga palpitante en lo más profundo de su coño mojado, haciendo que los jugos se le escapen por los muslos mientras la azota con fuerza en el culo. Ella grita, con la cara hundida en la almohada, mientras él le mete dos dedos en el ano antes de correrse a chorros dentro de su estrecha vagina, dejando la cama llena de leche blanca. Emma se queda jadeando, con las piernas temblorosas y el cuerpo cubierto de sudor, mientras él le lame los pezones duros y le susurra que le va a follar hasta dejarla sin fuerzas.