Chiquilla con frenillos chupa la verga en el coche
La rubia de dieciocho años llevaba los frenillos más sexys que había visto nunca, esos que le hacían la boca aún más tentadora cuando se le marcaban al sonreírle mientras le hablaba con voz de puta caliente. La invité a dar una vuelta en mi coche después de verla coquetearme en la calle, pero en cuanto cerré la puerta y el aroma a su perfume barato me inundó las fosas nasales, supe que no tardaría en ver cómo esos labios carnosos y rojos se abrían para mí. Sin perder ni un segundo, me bajé el pantalón y saqué mi verga bien dura, gruesa y palpitante, que le apuntó directamente a la cara como un arma lista para disparar placer. Ella, sin titubear ni un segundo, se abalanzó sobre mi polla como una perra en celo, chupando con esos dientes metálicos que le rozaban el glande cada vez que se la metía hasta la garganta, ahogándose pero sin soltar ni un gemido de protesta. Yo le agarraba la coleta rubia para guiar sus movimientos, sintiendo cómo su lengua jugaba con mis pelotas mientras me masturbaba con la mano libre, lista para que me corriera en su boca sin piedad. Los vidrios empañados del coche no dejaban ver nada desde fuera, pero dentro el sonido de sus arcadas mezclado con los gruñidos de mi verga al fondo de su garganta era música pura para mis oídos. Cada vez que se la sacaba para respirar, le escupía en la cara y se la volvía a meter con fuerza, obligándola a tragar hasta la última gota de mi leche espesa que le resbalaba por la barbilla. Cuando noté que sus mejillas se contraían y sus ojos se llenaban de lágrimas, supe que estaba a punto de correrse ella también, así que le solté el pelo y le di una palmada en el culo para que se pusiera de rodillas en el asiento, con las tetas apretadas contra el cuero y el coño empapado rozando el volante. No tardé ni dos embestidas en llenarle el coño con mis huevos apretados contra su culo, y mientras ella gritaba mi nombre con voz de puta satisfecha, sentí cómo su leche caliente me inundaba los huevos por dentro, mezclándose con la mía que aún le goteaba de la boca. Cuando por fin paramos, el coche olía a sexo barato y sudor, pero el recuerdo de esa chiquilla con frenillos tragándose mi verga como una profesional se me quedó grabado a fuego en la memoria.