Rubia de culo gigante follada por payaso enorme en Las Vegas
Kourtney Chase, la rubia más putita de Las Vegas, llegó al Rio con un vestido tan corto que parecía un cinturón y unos tacones que hacían temblar el suelo cada vez que caminaba. El payaso Gibby no pudo resistirse cuando la vio contoneando ese culazo en la barra, mordiéndose el labio y pidiendo tragos con esa voz de zorra que le ponía la polla como un palo al instante. Sin pensarlo dos veces, el tipo la agarró del pelo teñido y la arrastró hacia un rincón oscuro del casino, donde la babosa de Kourtney ya le chupaba la verga negra que le colgaba como un tronco entre las piernas. Él le levantó el vestido de un tirón, le arrancó las bragas de encaje y le enterró la cara entre sus tetas enormes mientras le clavaba los dedos en ese culo prieto y redondo que tanto le volvía loco. Ella no podía ni gemir de lo duro que la empotraba, con cada embestida le sacudía el coño tan mojado que se le escuchaban los chasquidos de la leche resbalando por su entrepierna. Gibby la volteó contra la pared, le abrió las nalgas con una mano y le metió la polla hasta las pelotas en ese coño tan estrecho que a ella le ardía por dentro. Kourtney gritaba como una perra en celo, con los tacones pataleando en el aire mientras él le daba de lleno en el útero con cada envite brutal. El payaso no aguantó más y, sin avisar, le llenó el vientre de leche espesa mientras ella se corría encima de su polla, manchando de semen el suelo del casino. Cuando terminaron, Kourtney se quedó tirada en el suelo, con el vestido roto, las piernas temblorosas y la boca llena de leche, mientras Gibby se limpiaba el sudor de la frente y se reía como el hijueputa que era.