Profesora caliente chupa verga a su alumno sumisa
La rubia de gafas la tenía más que clara: esa polla gruesa que le encajaba hasta la garganta era el pago perfecto por todas las clases extra que le daba. Con los labios bien pintados de rojo brillante, le agarró el tronco con fuerza y se lo llevó hasta el fondo, sintiendo cómo le ahogaba en su propio coño empapado de saliva mientras los gemidos ahogados se le escapaban entre toses. Él, nervioso pero con los huevos a mil, le acarició las tetas naturales mientras ella le seguía mamando con avidez, chupando cada centímetro como si fuera un caramelo prohibido. De pronto, la profesora se quitó las gafas y le escupió un chorro de babas sobre la verga palpitante antes de empalarse de frente contra su escritorio, arqueando la espalda para que esa polla monstruosa le atravesara el coño depilado hasta hacerla gritar. Entre empujones brutales, él le agarraba el culo prieto para clavársela más hondo, haciendo que el sonido de los choques entre sus cuerpos resonara por toda el aula vacía. Ella, con la boca bien abierta y los ojos llorosos de placer, no paraba de chorrear jugos por las piernas mientras él le metía los dedos en la boca para que los lamiera después de babearle la cara entera con un chorro de leche espesa que le corrió desde la frente hasta la barbilla. Cuando por fin se corrió dentro, ella se dejó caer sobre su regazo, jadeando, con la entrepierna empapada y la polla aún dura metida hasta las bolas dentro de su coño tembloroso. Lo peor fue cuando él le susurró al oído que por ayudarla tanto, merecía que le limpiara los restos con la lengua... y ella, exhausta pero sumisa, no dudó ni un segundo en hacerlo.