Pecosa británica se masturba antes de que la empotren
Esa pelirroja de tetas naturales no podía esperar más, así que se metió dos dedos bien profundos en el coño empapado mientras se imaginaba la polla gruesa que le iba a partir el culo al final. Los gemidos le salían ahogados entre los labios rojos mientras frotaba el clítoris hinchado con movimientos circulares, dejando que el jugo le resbalara por los muslos pálidos. Cuando escuchó los pasos acercarse por el pasillo, se tumbó boca abajo en la cama con las piernas bien abiertas, mostrando cómo su concha brillaba bajo la luz tenue de la habitación. Él no se hizo esperar: le agarró los pechos firmes con una mano y le clavó la polla dura hasta el fondo, haciendo que gritara de placer al sentir cómo el glande le golpeaba el cuello del útero. La empaló sin piedad, cada embestida le arrancaba un quejido nuevo mientras su culo redondo se movía al ritmo salvaje de las embestidas. Ella se retorcía bajo su peso, con los pezones duros rozando las sábanas y la boca llena de babas por los gemidos que no podía controlar. La piel le ardía donde él la agarraba con fuerza, marcándole los muslos con los dedos mientras le metía la verga cada vez más rápido, hasta que el sonido húmedo de los azotes llenó la habitación. Cuando sintió que el orgasmo se acercaba, se aferró a las sábanas con los nudillos blancos y se dejó llevar por las sacudidas brutales que le sacudían el cuerpo entero, corriéndose con un grito ronco mientras los chorros de leche caliente le inundaban las entrañas. Él no se corrió dentro, pero le dio una última embestida tan profunda que ella sintió cómo se le escapaba un hilo de leche por la raja al levantarse, dejando su coño bien abierto y tembloroso para la próxima ronda.