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Chela caliente se deja empotrar sin piedad en la ducha

7:09 1080P 2 Jóvenes
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Estúdio Durassnita

La morena se quitó el delantal sin decir ni pío, dejando caer el jabón al suelo mientras se mordía el labio inferior con esos ojazos negros que le echaban humo. Él no necesitó más señal, la agarró de la cintura y la pegó contra la pared de azulejos fríos, sintiendo cómo su coño afeitado ya chorreaba sin control. Con un solo tirón le arrancó la blusa y los pechos le saltaron libres, duros como piedras y con los pezones bien tiesos listos para que él los mordisqueara. La polla, dura como el mármol, le rozó el muslo antes de hundirse hasta la empuñadura dentro de ese coño empapado que no dejaba de apretarlo como un guante mojado. Ella echó la cabeza hacia atrás y soltó un gemido que resonó en los azulejos, los muslos temblorosos y las uñas clavadas en sus hombros mientras él la empotraba con embestidas brutales que le hacían botar las tetas al ritmo de cada golpe. Cada vez que la polla entraba hasta el fondo, su clítoris hinchado rozaba el vello rasurado de su entrepierna, haciéndola gritar más fuerte sin importarle quién pudiera escucharla desde el otro lado del pasillo. Él le agarraba el culo prieto con ambas manos, separándole las nalgas para clavársela más hondo y sentir cómo su coño se contraía cada vez que la punta rozaba ese punto que la volvía loca. Los jadeos se mezclaban con los sonidos húmedos de carne contra carne, el agua de la ducha corriendo por sus cuerpos sudorosos mientras ella se corría una primera vez con espasmos que le sacudían el vientre y le mojaban aún más el coño. Pero no paró ahí, el cabrón siguió dándole duro, metiéndosela hasta la raíz y dejándola sin aire en los pulmones cada vez que la embestía sin piedad, hasta que ella, con los ojos vidriosos y la boca abierta en un grito mudo, se corrió de nuevo con chorros de leche caliente saliendo a borbotones de su coño mientras él le llenaba las entrañas con su corrida espesa y caliente. Cuando por fin la soltó, ella se quedó pegada a la pared, resbaladiza y temblorosa, con las piernas como gelatina y el coño goteando leche y jugos por dentro y por fuera, mientras él se limpiaba la polla con un trapo y le guiñaba un ojo antes de irse como si nada hubiera pasado.

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