Joven Jessie traga verga gruesa hasta el fondo
La Jessie no era cualquier rubia de instituto, pero cuando vio esa polla gruesa y palpitante entre sus manos supo que esta vez no se iba a contener. El chico, con una sonrisa de oreja a oreja, le pasó los dedos por el pelo mientras ella abría la boca bien grande, dispuesta a tragar cada centímetro sin miedo. Los labios rosados de la Jessie se cerraron alrededor del tronco venoso y comenzaron a moverse con un ritmo lento pero insaciable, sintiendo cómo el sabor salado y espeso del pre se mezclaba con su saliva. No tardó en acelerar el movimiento, metiendo la verga hasta la garganta y ahogándose un poco, pero sin soltar, mientras los gemidos ahogados del chico resonaban en el cuarto. Él le agarró la nuca con fuerza y la empotró más profundo, haciendo que sus arcadas fueran cada vez más fuertes pero también más excitantes. La Jessie, con las mejillas rojas y los ojos llorosos, seguía con la mirada fija en la suya, como desafiándolo a que la llenara entera. Cuando por fin la sacó para tomar aire, la verga quedó brillante y húmeda, lista para más. La tumbó boca arriba en la cama y se montó encima, frotando su coño mojado contra el tronco antes de bajar lentamente, sintiendo cómo se abría para recibirlo. Las embestidas eran lentas al principio, pero pronto se volvieron salvajes, con los pechos pequeños de la Jessie botando sin control mientras gritaba cada vez que la polla llegaba hasta el fondo. Él le lamió los pezones duros antes de darle la vuelta y ponerse encima, clavándosela con fuerza por detrás mientras le agarraba las caderas para no dejarla escapar. Los sonidos de carne contra carne llenaban la habitación, mezclados con los gritos de placer de la Jessie, que ya no podía contenerse. Cuando sintió que él se tensaba y gruñía, supo que era el momento: la verga se hinchó dentro de su coño antes de soltar la leche caliente que la dejó completamente llena y satisfecha, con los muslos temblorosos y el aliento entrecortado.