Haley Spades se entrega al oficial para evitar la cárcel
El escritorio de madera cruje bajo el peso de los documentos desparramados, la luz del despacho ilumina el rostro sonrojado de Haley Spades mientras el oficial Marcus London la observa con una sonrisa burlona. Ella cruza las piernas, tensionando el vestido ajustado que apenas cubre sus muslos, mientras él se reclina en la silla con los brazos cruzados, disfrutando el juego. Es una apuesta: si no puede hacerla gemir más fuerte que él, la llevará a la cárcel por robar. Haley se inclina hacia adelante, dejando que la tela se deslice para revelar sus pequeños pechos tensos, y susurra que ni en sus sueños. Él se levanta, desabrochando el cinturón con lentitud, la polla ya dura rozando el pantalón. Ella se humedece los labios, desafiándolo a probarla, pero cuando él la toma por la cintura y la sienta sobre el escritorio, separando sus muslos con brusquedad, ella lanza un gemido que resuena en la sala. La empieza a chupar con fuerza, succionando el clítoris hinchado entre sus labios, mientras ella arquea la espalda y clava las uñas en sus hombros. Él la penetra de una estocada, hundiéndose hasta que sus caderas chocan, y ella grita, pero no para de moverse. Él la agarra del pelo, tirando hacia atrás para exponer su cuello, mientras la empotra contra la madera, el sonido húmedo de sus coños chocando se mezcla con sus respiraciones entrecortadas. Ella lo aprieta con los muslos, provocándolo, diciéndole que no es suficiente. Él le da la vuelta, doblando su cuerpo sobre el escritorio, y la embiste desde atrás, metiendo los dedos entre sus nalgas para estimularla mientras la penetra sin piedad. Ella se corre primero, pero él no para, exprimiendo cada espasmo hasta dejarla temblando. Cuando termina, ella se queda mirando la puerta cerrada, preguntándose si realmente ganó o si solo quiere más.