La latina curvilínea de 18 años se deja empotrar por el americano
La habitación está medio oscura, con la luz de la lámpara de noche creando sombras en las paredes mientras la cámara tiembla un poco, como si alguien estuviera grabando algo que no debería. El aire huele a sudor y perfume barato, y se escucha el sonido de la piel chocando contra la piel. Te voy a contar cómo este americano de polla enorme me hizo olvidar todo lo que me había pasado antes. El muy cabrón me miró con esa sonrisa de superioridad, como si supiera que iba a romperme en dos, y yo, en vez de correr, me arrodillé frente a él y le chupé la verga hasta que estuvo dura como una roca. Quería que me follara como a una puta, que me hiciera sentir cada centímetro de esa polla gruesa mientras me agarraba del pelo y me empujaba hacia abajo, hasta que me ahogaba con su carne. Cuando me dio la vuelta y me puso a cuatro patas, sentí sus dedos abriéndome el coño antes de clavármela de una sola estocada, tan fuerte que me hizo gritar. Cada embestida me acercaba más al borde, y cuando me agarró de las caderas para bombearme más rápido, supe que no iba a durar mucho. Me corrió dentro, llenándome hasta que sentí su leche caliente escurriéndose por mis muslos. Ahora, mientras me limpio, solo pienso en lo bien que se sintió vengarme de ese idiota que me dejó tirada.