San Valentín ardiente con la rubia que te humilló
El olor a perfume caro y sudor te invade mientras la rubia que te dejó plantado en el bar se arrodilla frente a ti, desabrochándote el pantalón con dedos temblorosos. Celezte Cruz, la misma que te hizo sentir un idiota, ahora te mira con los ojos vidriosos mientras te la chupa con rabia, mordisqueando el glande como si quisiera castigarte. Sientes cómo su lengua recorre cada vena de tu polla, humedeciéndola hasta que brilla bajo la luz tenue. La agarras del pelo, empujando su cabeza más fuerte, y ella gime ahogadamente, con la saliva escurriéndosele por las comisuras. Cuando la levantas y la arrojas sobre la cama, su culo redondo rebota, y te das cuenta de que lleva un tanga tan ajustado que se le marca hasta el coño. Se lo arrancas de un tirón, dejando marcas rojas en sus caderas, y entonces ves lo mojada que está, brillante y palpitante. La empotras de rodillas, sintiendo cómo su carne se abre para ti, y cada embestida hace que sus tetas naturales reboten violentamente. Ella grita, pero no de placer, sino de furia, porque sabe que estás follando lo que otro hombre deseaba. Le das vuelta, la pones a cuatro patas y le clavas la polla hasta que sus muslos tiemblan, hasta que sus gemidos se convierten en un sollozo entrecortado. La humillas, la usas, la haces tuya, y cuando por fin te corres, lo haces dentro de ella, marcándola como tuya para siempre.