La rubia de tetas grandes se cobra venganza con una mamada profunda
Mordiendo los labios de Alec Knight como si fueran su rival, empecé a chupar su polla dura mientras mis tetas rebotaban contra su pecho. Quería hacerle gemir igual que a aquel gilipollas que me dejó plantada, así que metí su verga hasta las pelotas en mi garganta, tragando saliva con cada bocanada. Sus dedos enredados en mi pelo me daban el ritmo perfecto, y cada vez que me ahogaba un poco, él gruñía como un animal, eso me encendía más. Después de más de 29 minutos de escena, le arranqué el condón para que me llenara la boca de leche, pero antes le hice dar media vuelta y me senté en su cara. Su lengua lamía mi coño mojado como si fuera un helado, y mis muslos temblaban mientras me corrí sobre su boca. Cuando acabamos, el sofá estaba lleno de mi tanga roto y manchas de saliva en la almohada.