Rubia inglesa con tatuaje grita al ser masturbada fuerte
La morra inglesa no podía quitarle las manos de encima a Pascal desde que lo vio con esa camiseta ajustada que le marcaba cada músculo del brazo. Ella, con su tatuaje de sirena en el muslo izquierdo, se mordía el labio inferior mientras se deshacía la coleta, dejando caer su melena rubia sobre esos hombros anchos que tanto le ponían. En cuanto él le agarró el culo con una mano y le metió los dedos en el coño empapado con la otra, la inglesa soltó un gemido largo y sucio que le salió desde el fondo de la garganta. Pascal no perdió tiempo y le frotó el clítoris con los nudillos mientras le susurraba al oído lo puta que estaba por necesitar tanto esa atención. Ella, con las piernas temblorosas, se apoyó contra la pared del baño y dejó que él le metiera dos dedos bien profundos, haciendo que su coño chorreara sin control. Los sonidos húmedos de los dedos entrando y saliendo resonaban en el aire mezclados con los gruñidos de Pascal, que no podía aguantarse más y le bajó el pantalón de lycra para lamerle el coño sin piedad. La inglesa, al sentir esa lengua caliente y experta, se corrió en menos de un minuto con un espasmo que le arqueó la espalda y le hizo soltar un grito agudo. Pero Pascal no terminó ahí: le agarró las caderas, la levantó como si no pesara nada y la empotró contra el espejo del baño, haciendo que el cristal vibrase con cada embestida. Ella, con las tetas rebotando y la respiración entrecortada, no paraba de repetir 'más duro, más duro' mientras él le metía la polla hasta las bolas, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de cada golpe. Cuando él por fin se corrió dentro de ella con un rugido animal, la inglesa se quedó pegada a la pared, jadeando, con las piernas llenas de leche y el cuerpo tembloroso por el orgasmo más intenso que había tenido en meses.