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Blondas en la oficina se dejan empotrar sin piedad

2:00 720P 6 Rubias
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La rubia del cuarto piso no podía creer que su jefe la hubiera pillado revisando archivos con los tacones puestos y el sujetador transparente asomando bajo la camiseta ajustada. Lo que empezó como un coqueteo de miradas en el ascensor se convirtió en un follón salvaje cuando él la agarró del pelo y le escupió al oído que se quitaba esos malditos tacones si quería que la empotrara contra la fotocopiadora. Ella, con el coño ya chorreando por la tensión, se dejó caer de rodillas en el suelo de mármol frío mientras él le bajaba los pantalones de oficina y le metía la polla dura hasta la garganta con un gemido ahogado. Cada embestida en su garganta le hacía babear más, pero no se quejaba, solo agarraba sus muslos temblorosos y le chupaba la punta como una puta hambrienta. Él, con los calcetines de diseño aún puestos y el cinturón desabrochado, le dio la vuelta de un tirón y la dejó con el culo en pompa sobre el teclado del ordenador, donde las teclas crujieron bajo su peso mientras él le metía los dedos en el coño sin piedad hasta que ella chilló pidiendo más. La polla, gruesa y venosa, le resbalaba entre los labios vaginales antes de hundirse hasta el fondo con un chapoteo húmedo que mojó toda la silla de ejecutivo. Cuando él le levantó una pierna en alto y le clavó el talón de su zapato en el culo, ella se corrió tan fuerte que el gel de sus botas dejó huellas pegajosas en el suelo, pero él no paró: siguió empotrándola como un animal hasta que los dos acabaron con los cuerpos pegajosos de sudor y los fluidos resbalando por sus piernas. La rubia, con los labios hinchados y el pelo revuelto, se limpió la babaza del pecho mientras él le llenaba la boca con chorros espesos de leche caliente que le resbalaron por la barbilla. No hubo tiempo para recuperarse: el sonido del ascensor avisando de que alguien subía los obligó a recomponerse a toda prisa, pero las manchas de semen en la alfombra y el olor a sexo en el aire delataban que esa oficina ya no sería la misma.

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