Madrastra necesita crema en su cuerpo desnudo
Llevaba toda la tarde coqueteando con miradas y sonrisas cuando él entró al baño sin camisa, mostrando ese cuerpo marcado que tanto le ponía. La madrastra, con su culo prieto temblando bajo el albornoz, se lamió los labios al verlo así, sudado y con la polla ya dura bajo el pantalón. Sin perder tiempo, le arrancó el cinturón y le ordenó que se tendiera en la cama, donde ella se montó encima como una perra en celo, frotando su coño empapado contra su muslo mientras le susurraba al oído lo que le hacía falta. Él no necesitó más invitación: la agarró por las caderas y la empujó contra el colchón, hundiendo la cara entre sus tetas naturales antes de lamerle el coño depilado y bien mojado. Ella gimió fuerte, agarrándole el pelo y obligándolo a chuparle el clítoris hasta que se retorció de placer, pero no duró mucho porque él la volteó de golpe y le levantó el culito para empotrarla sin piedad, haciendo que su culo botara con cada envestida profunda mientras sus tetas rebotaban sin control. La madrastra se corrió gritando su nombre, con la boca llena de leche espesa que le escupió después en la lengua, pero no se conformó ahí: le pidió que le escupiera en las tetas antes de correrse otra vez sobre su polla, esta vez cubriéndole la barriga de semen caliente mientras ella se masturbaba con los dedos para alargar el placer. Al final, agotados y sudados, se quedaron tirados en el suelo, con su coño chorreando aún y su polla flácida pero brillante por el sudor y los jugos, mientras él le prometía que esto no sería la última vez.