Rubia salvaje se arquea gritando en público
Desde que la vio por primera vez en la playa con ese bikini hiper ajustado que le marcaba cada curva, no pudo sacársela de la cabeza. Hoy el parque urbano estaba vacío al caer la tarde, perfecto para que ella se dejara llevar por completo. Primero fue el roce de sus dedos sobre el muslo mientras le susurraba al oído lo que quería hacerle, y ella respondió empapando la tanga de inmediato. La polla le palpitaba bajo el short mientras le bajaba los pantalones a tirones, descubriendo ese coño depilado que tanto le ponía. Ella se agachó sin pensarlo dos veces y se lo metió entero en la boca, ahogando gemidos mientras le agarraba los huevos con fuerza. Entre jadeos le ordenó que la tumbara sobre el césped, y al sentir su culo redondo abrirse bajo las embestidas, los gritos se volvieron incontrolables. Cada vez que la empotraba hasta el fondo, sus tetas rebotaban con un sonido húmedo que le excitaba aún más, y ella le suplicaba que no parara mientras se corría sobre su polla. El semen le resbaló por las piernas cuando por fin se dejó caer exhausta, con la respiración entrecortada y los labios hinchados de tanto chupar y gemir. La rubia, sudorosa y sonrojada, no podía creer lo audaz que había sido, pero la mirada de él al correrse dentro de ella le confirmó que valió cada segundo de locura pública.