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Mamacita rubia se la come sin piedad en su casa

10:37 1080P 6 Rubias
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La rubia de curvas perfectas llevaba un vestido ajustado que le marcaba cada rollito seductor mientras se retorcía en el sofá esperando que él entrara por la puerta. Al verla con esos labios carnosos entreabiertos y los pechitos rebotando sin sujetador, a él se le secó la boca y se le puso la polla dura como un palo. Sin perder tiempo, ella se tiró sobre sus rodillas, le arrancó el cinturón y se lo tragó entero con un gemido de puta satisfecha, chupando hasta que los huevos le rozaban la barbilla y la garganta le ardía. Él le agarró la melena rubia con fuerza y le empotró la polla hasta el fondo, sintiendo cómo su coño caliente y mojado se contraía a cada embestida, empapándole los huevos de jugos que le resbalaban por las pelotas. La rubia gritaba como una loca, con las tetas rebotando al ritmo de las embestidas brutales, pidiendo más sin vergüenza mientras él le metía los dedos en la boca para que los chupara y los mordiera con desesperación. Pasó de la perra en celo a la putita sumisa en segundos, gimiendo con voz ronca cada vez que él le metía la polla hasta las entrañas, sintiendo cómo el culo le temblaba y el coño se le contraía como nunca. Él la volteó boca abajo, le levantó el vestido hasta la cintura y le clavó la polla desde atrás, sintiendo cómo su culo prieto se abría y se cerraba como un anillo alrededor de su miembro, dejándola aullando de placer con cada embestida profunda. Le agarró las tetas con una mano y el pelo con la otra, tirando de su cabeza hacia atrás mientras le llenaba el coño de leche espesa, sintiendo cómo su corrida le quemaba las paredes internas y le resbalaba por los muslos. Ella se corrió también, con el cuerpo temblando y los gemidos ahogados en el sofá, mientras él le seguía metiendo la polla hasta que ya no pudo más y le soltó la leche caliente por toda la cara, dejándola con la boca llena y los ojos brillantes de satisfacción. Cuando por fin se separaron, ambos estaban sudados, jadeantes y con las piernas flojas, pero ella no podía evitar sonreír mientras se limpiaba los restos de corrida de los labios y le susurraba al oído que quería más.

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