Raul Costa sorprende a sus secretarias con su polla enorme
Ese día en la oficina todo cambió cuando las secretarias descubrieron lo que mi polla podía hacer. Claire Roos y Lumi Ray pensaban que era solo un jefe más, pero cuando las invité a mi despacho para una reunión privada, sus ojos se abrieron como platos al ver mi verga dura. Empezaron a tocarla con curiosidad, sus dedos temblando al sentir lo gruesa que estaba. No tardé en ordenarles que se arrodillaran y me chuparan, sus bocas abiertas tragando mi polla hasta que los ojos se les llenaron de lágrimas. Mientras Claire me la mamaba, Lumi se bajó las bragas y se sentó en mi cara, su coño mojado frotándose contra mi lengua. El olor a sexo llenó la habitación mientras las dos gemían sin control. Cuando ya no aguanté más, las hice ponerse de rodillas frente a mí y les corrí toda la cara, mi leche caliente cubriéndolas por completo. Sus bocas abiertas, sus ojos cerrados, sus cuerpos temblando de placer. Fue entonces cuando supe que nunca más volverían a verme igual.