Puta alemana se entrega a su cita privada con polla enorme
Su mirada me quemaba desde el primer mensaje, pero no me atreví a tocarlo hasta que sus manos me apretaron el culo en el ascensor, jodiendo con los dedos hasta que mi coño goteó en sus pantalones. Llevábamos días jugando con miradas robadas y mensajes calientes, pero cuando Lando Ryder me empujó contra la pared y me arrancó el vestido, supe que no habría vuelta atrás. Me arrodillé para chupar esa verga dura como piedra, saboreando cada gota de líquido que brotaba de su punta, mientras él me agarraba del pelo y me empotraba contra su boca. Mi coño ardía, mojado y palpitante, cuando me subió sobre su polla de una estocada, llenándome hasta que los muslos me temblaron. Cada embestida me hacía gritar, sintiendo cómo su verga golpeaba justo donde más lo necesitaba, mientras sus manos me apretaban las tetas y me mordía el cuello. No podía parar de gemir, de pedirle que me follara más fuerte, que me corriera dentro, hasta que su leche me inundó entera y me dejó temblando, sabiendo que la próxima vez será aún más salvaje.