MILF se empalma por su parecido con Elon Musk
Llevaba meses obsesionada con el tipo que salía en las noticias, ese ricachón de sonrisa arrogante y mirada de superioridad. Hoy lo tuvo frente a frente en una fiesta aburrida donde su marido se perdió entre el humo de los habanos, y ella no pudo resistirse: bajo la luz tenue de los focos, esa verga que le colgaba del pantalón ajustado le recordó a las fotos de Elon Musk que guardaba en su celular. Sin pensarlo dos veces, se acercó con el coño ya empapado por la anticipación, le agarró la polla por encima del pantalón y sintió cómo se le endurecía al instante bajo sus dedos ávidos. Él, sorprendido pero encantado, la empujó contra la pared del jardín trasero mientras le arrancaba el vestido hasta dejarle los pezones al aire, duros como piedras y rogando por ser lamidos. Ella gruñó como una perra en celo al sentir su lengua recorriendo su cuello mientras le bajaba los pantalones con un tirón brusco, dejando al descubierto una verga gruesa y palpitante que ya goteaba pre-semen. Entre jadeos y maldiciones, él le agarró el culo con ambas manos y la levantó sin esfuerzo, clavándosela de una sola embestida que le hizo ver estrellas, con sus tetas rebotando contra su pecho al ritmo de los golpes profundos que le daba desde atrás. La MILF no pudo evitar gritar como una puta en celo, con los muslos temblando y el coño chorreando cada vez que su verga la llenaba hasta el fondo, mientras él le mordisqueaba los pezones con saña y le susurraba al oído lo buena que estaba. El clímax llegó cuando él, sudoroso y con la cara roja por el esfuerzo, le ordenó arrodillarse y le abrió la boca de un manotazo, descargándole toda su leche espesa en la garganta sin aviso, obligándola a tragar hasta el último goterón mientras los hilos de semen le resbalaban por la barbilla y los labios entreabiertos. Cuando por fin la soltó, ella se quedó ahí, jadeando y con las piernas temblorosas, mientras él se abrochaba los pantalones con una sonrisa de satisfacción y se alejaba como si nada, dejándola con el vestido arrugado y el coño más mojado que nunca, preguntándose si su marido notaría el olor a sexo que desprendía su piel.