Mi jefe se volvió loco y me metió la mano entera en el culo
‘Abre bien el culo, perra, que hoy vas a sufrir’ —eso me dijo mientras su mano enorme me agarraba del pelo, jalándome hacia atrás para que mi culo quedara en el aire, temblando de miedo y de ganas a la vez. Yo sabía que esto estaba mal, que Lord Vigor no debería hacerme esto, pero cada vez que su dedo grueso rozaba mi entrada ya mojada, mi coño se apretaba de puro placer. Lo peor era que, mientras me arrodillaba en la oficina con las nalgas al aire, podía escuchar a Sherman Maus masturbándose desde su escritorio, viendo cómo mi jefe me desgarraba por dentro. ‘Métete todo’, gemí, y él obedeció: su mano callosa se hundió hasta que mis entrañas temblaron, y mis gritos se mezclaron con el ruido de su polla dura golpeando mi cara mientras me ahogaba en saliva. En más de 12 minutos, me usó como un juguete, metiendo y sacando sus dedos como si fueran una polla, hasta que mi coño empezó a chorrear sin parar. Pero lo que más me excitaba era la culpa, esa voz en mi cabeza que decía ‘esto es un error’ mientras sus uñas me arañaban por dentro. Cuando por fin se corrió, empalándome contra el escritorio, fue Sherman Maus quien se quedó quieto, con los ojos vidriosos y la boca abierta, como si no pudiera creer lo que acababa de ver.