Me encanta cómo me follas, papi
Desde que lo conocí supe que esa polla enorme iba a ser mía, y ahora que la tengo entre mis piernas no pienso soltarla. Papi me agarra fuerte de las caderas mientras su verga gruesa entra y sale de mi conchita mojada, haciendo que gima sin parar. Primero me chupó el coño como un experto, lamiendo cada rincón hasta que me corrí en su boca, pero eso solo fue el principio. Después me puso a cuatro patas y empezó a embestirme duro, cada empujón más fuerte que el anterior, mientras yo gritaba como una puta en celo. Su polla gorda me llenaba por completo, rozando justo donde más lo necesito, y cuando empezó a follarme más rápido, sentí que me iba a romper de lo bien que me la metía. Los gemidos se mezclaban con el sonido de su piel contra la mía, el sudor nos cubría a los dos mientras él me agarraba del pelo y me decía obscenidades al oído. No aguanté más y me corrí otra vez, pero él no se detuvo, siguió follándome hasta que su verga palpitó dentro de mí y me llenó de leche caliente. Fue la mejor follada de mi vida, y ahora solo quiero que me vuelva a dar esa polla enorme.