Masturbación con juguetes y provocación hasta el orgasmo
Esa tarde, en mi habitación, la luz tenue de la lámpara iluminaba su cuerpo mientras ella se movía frente a mí, sabiendo que cada gesto me volvía loco. Llevaba días provocándome: fotos en ropa interior ajustada, rozándose contra mí en el sofá, susurrándome al oído que no podía esperar. Hoy no llevaba bragas, solo un vestido corto que subió lentamente, mostrando su coño ya mojado. Agarré mi polla dura y empecé a masturbarme mientras ella se sentaba a horcajadas sobre un consolador, gimiendo fuerte. Sus tetas rebotaban con cada movimiento, y yo aceleré el ritmo, imaginando que era mi lengua la que lamía su clítoris. Cuando vio que estaba a punto de correrme, se inclinó hacia mí y me susurró: '¿Te gusta verme así, puto?'. No pude resistirme y le dije: 'Ven aquí, que te voy a llenar de leche'. Ella se arrodilló, abrió la boca y yo le disparé mi corrida entera, marcando su cara con mi semen caliente. Mientras se limpiaba, me miró con una sonrisa y dijo: 'La próxima vez, quiero que me empotres contra la pared'.