Madrastra probando tangas y enseñando su culo perfecto
El joven no podía apartar la mirada cada vez que Mefantasy se movía por la casa con esas tangas ajustadas que marcaban cada curva de su culo perfecto. La tensión entre ellos había crecido durante semanas, miradas robadas y sonrisas cómplices que prometían algo más. Esa tarde, mientras ella se probaba la ropa interior frente al espejo, el chico no resistió y se acercó por detrás, deslizando las manos sobre ese trasero redondo y firme que tanto lo había tentado. Mefantasy dejó escapar un gemido cuando sintió sus dedos hundirse en la carne de sus nalgas, separándolas para admirar ese coño rosado y jugoso que ya brillaba de excitación. Con un movimiento rápido, le arrancó el tanga y la empujó contra el espejo, hundiendo los dedos en su raja mojada mientras ella arqueaba la espalda y gemía como una perra en celo. La madrastra probando tangas se convirtió en una escena de puro deseo, con sus caderas moviéndose en círculos lentos, provocándolo sin piedad. Él no pudo esperar más y la giró, hundiendo la cara entre sus nalgas para lamer ese coño tierno hasta que sus muslos temblaban. En menos de diez minutos, el sofá se convirtió en su ring de batalla, con ella montándolo a horcajadas, sus tetas rebotando mientras se empalaba hasta el fondo en esa polla dura que tanto había imaginado. Los gemidos se mezclaban con el sonido húmedo de sus cuerpos chocando, hasta que él la agarró de las caderas y la atravesó con embestidas profundas que la hicieron correrse gritando su nombre.