La pequeña Light Fairy se venga con el pollón de Mr. Anderson
El sonido de la cremallera al abrirse me hizo apretar los muslos, sabiendo que esta vez no sería suave. Mr. Anderson me miró con esa sonrisa de saber que me estaba follando lo que otro no pudo. Su polla gruesa me llenó de golpe, empujando hasta que mis paredes vibraron contra él. Cada embestida era un castigo por lo que ese otro idiota me hizo, y gemí más fuerte cuando sus dedos apretaron mis tetitas mientras me empotraba contra el sofá. El sudor me corría por la espalda mientras él gruñía, '¿Te gusta que te den lo que te mereces, Light Fairy?'. Mi coño se contraía alrededor de su verga, mojada y ardiente, justo antes de que me llenara hasta las pelotas. Cuando se corrió, su semen caliente me quemó por dentro, y él solo rió, 'Ahora sí sabes quién manda aquí, puta'.