La cumpleañera se deja comer el culo y follar en el espacio
Esa tarde en la nave, mi coño ya estaba mojado antes de que él me tocara, pero no esperaba que su polla fuera tan grande. Cuando me penetró, sentí cada centímetro como si me partiera por la mitad, y mis gemidos resonaron en el vacío del espacio. Él no se conformó con mi coño apretado: de repente, su lengua empezó a lamer mi culo con una intensidad que me hizo arquear la espalda. La sorpresa fue que, después de tanto tiempo, descubrí que me encantaba que me lo chuparan así, con esa presión que me hacía temblar. Sus dedos se hundieron en mi carne mientras su lengua no paraba, y yo solo podía gritar su nombre. Cuando por fin me empotró contra la pared, sentí que me iba a romper, pero no podía parar de moverme. Cada embestida me acercaba al orgasmo, y cuando por fin me corrí, fue tan fuerte que me dejó sin aliento. Él no se quedó atrás: su leche caliente me llenó hasta rebosar, y el calor me recorrió entera. La próxima vez, quiero que me lo haga en gravedad cero, para ver hasta dónde puede llegar su polla en el espacio.