Julieta Maravi me deja llenarla de leche en su día de San Valentín
Julieta vino a verme con ese vestido ajustado que le marca el culo, y desde que abrió la puerta supe que no aguantaría. Llevábamos días mirándonos de reojo, rozándonos sin querer, hasta que al final no pudo más y me arrastró a la cama. Primero me chupó la polla como si fuera un helado, gimiendo con cada lamida, y cuando ya no aguanté más, la puse a cuatro patas y le metí la verga hasta que le temblaban las rodillas. Se le mojó el coño al instante, y cada vez que la embestía de golpe, soltaba un gemido ahogado. Después la monté en cowgirl y se movía como una loca, apretándome el culo con las manos mientras yo le agarraba las tetas. Cuando por fin me corrí dentro, se quedó quieta un segundo, sintiendo cómo me vaciaba hasta las pelotas, y luego se dejó caer sobre mí, jadeando. Lo mejor fue ver el charco que dejó en las sábanas después, como prueba de lo bien que lo habíamos pasado.