Esposa humilla al cornudo mientras controla su eyaculación con un cinturón de castidad
La puta de mi esposa no aguanta más y cada vez que llego a casa, me encierra con el cinturón de castidad bien apretado, riéndose mientras se masturba con los dedos en mi puta cara, mojada como nunca antes. Mientras yo me retuerzo de ganas, ve a buscar a uno de sus amantes, un tipo con una polla enorme que la embiste contra la pared, gimiendo como una perra en celo. No solo me obliga a ver cómo se la chupa hasta dejarla roja, sino que luego se deja llenar el coño bien mojado con una corrida espesa, dejando el semen dripear por sus muslos. Después se sienta sobre mi cara para que limpie cada gota, mientras me dice que nunca podré follar como ellos. El peor detalle es cuando ella misma abre el cinturón, me hace chupar su coño lleno de leche ajena y luego me obliga a correrme con la mano, pero solo cuando ella lo decide. Cada vez que termina, se ríe y me deja allí, con la polla aún dura y la frustración de saber que nunca podré darle lo que ella quiere. La muy zorra incluso graba todo y lo sube a sus redes, donde todas sus amigas le dicen qué buena puta es por humillarme así. Desde entonces, cada vez que escucho la puerta, sé que otra noche de tortura se acerca, con ella follándose a otro frente a mí, riéndose mientras me niega el placer. Lo peor es que me encanta cada segundo, aunque me parta el alma verla gozar con otros mientras yo solo puedo mirar. A veces incluso se acerca y me susurra al oído que debería agradecerle por hacerme sentir tan inútil, mientras me frota su coño mojado de semen contra mi cara. Es una tortura deliciosa, una mezcla de dolor y placer que no puedo evitar desear una y otra vez. Cada gemido, cada embestida, cada gota de leche que cae sobre su piel me recuerdan que ella es la que manda, y yo solo soy su cornudo sometido. Cuando finalmente me permite correrme, es tan intenso que casi me desmayo, pero al instante ella me vuelve a encerrar, riéndose mientras me dice que la próxima vez será peor.