Agrabas me llena de leche y saboreo mi coño mojado
La cocina estaba en silencio, solo el tictac del reloj marcaba los segundos mientras yo me movía despacio, balanceando mi culo redondo frente a Agrabas, sabiendo que en cualquier momento alguien podría entrar. Mi coño ya estaba chorreando, los muslos pegajosos de tanto frotarme contra su polla dura, y cada vez que me agachaba para recoger algo, él aprovechaba para meter los dedos entre mis nalgas, haciéndome gemir bajito. Escuché pasos en el pasillo y me quedé quieta, conteniendo la respiración, pero Agrabas no paró, solo me empujó contra la mesa, levantándome la falda y metiendo su lengua en mi raja húmeda. Me mordí el labio para no gritar cuando sus dedos entraron en mi culo, abriéndome poco a poco mientras su otra mano me apretaba las tetas, grandes y pesadas, rebotando con cada embestida. El riesgo de que nos descubrieran me ponía más caliente, y cuando Agrabas me dio vuelta y me empotró contra la pared, clavándome su verga hasta las pelotas, solo podía pensar en que alguien podría abrir la puerta en cualquier momento. Sus gemidos ahogados en mi cuello me volvían loca, y cuando me corrió dentro, llenándome de leche caliente, tuve que morder su hombro para no gritar. Ahora, con su semen goteando por mis muslos, solo quiero que me vuelva a follar, aunque sea el último lugar donde debemos estar.