Jovencitas en latex follando en un callejón oscuro
Esa noche el callejón olía a lluvia y a lujuria, y yo ya llevaba horas provocándote con mi ropa ajustada de latex, rozándome contra tu cuerpo cada vez que pasaba. Te envié fotos de mi culo apretado en ese material brillante, sabiendo que te volvería loco, y cuando por fin me acorralaste contra la pared, tu polla ya estaba dura como una roca. Te arrodillaste para chuparme los pezones a través del material, gimiendo como un animal, mientras yo te agarraba del pelo y te obligaba a seguir. Luego me giré, apoyando las manos en el muro, y te dejé ver cómo mi coño goteaba por debajo del latex. Sin perder tiempo, me levantaste la falda y me empotraste contra el cemento, metiéndome la polla entera de una estocada, tan fuerte que el sonido de mi culo chocando contra tus caderas resonó en todo el callejón. Te encantaba ver cómo el latex se estiraba con cada embestida, cómo mis gemidos se mezclaban con el eco de la ciudad. Cuando te corriste, lo hiciste dentro de mí, llenándome hasta que el semen rebosó por mis muslos, manchando el suelo. Ahora, al día siguiente, aún tengo el olor a sexo en mi piel y un pequeño desgarro en el latex donde tus uñas me arañaron.