Gordito me clava el chorizo xl hasta el fondo
El cabrón del gordito no paraba de mover la mano entre sus piernas cada vez que me miraba con esos ojos de cerdo en celo, así que no me quedó otra que dejar que me empotrara el culo con ese dildo grueso que tanto le ponía. Lo primero que hizo fue escupirle encima para lubricar bien el agujero mientras me agarraba de las caderas con sus dedos regordetes, apretando fuerte para que no me moviera ni un milímetro. Sentí cómo la cabeza del chorizo xl se abría paso entre mis nalgas, estirando el anillo de músculo con un dolor placentero que me hizo gemir como una puta en celo. No tardó ni dos minutos en clavármelo hasta el fondo, hundiendo cada centímetro de goma gruesa hasta que me hizo tragar saliva de la impresión, y entonces empezó a mover las caderas con una fuerza que me sacudía el cuerpo entero. Los golpes secos de sus pelotas contra mis cachetes sonaban como latigazos, mientras yo solo podía arquear la espalda y empujar el culo hacia atrás para que entrara más hondo, sintiendo cómo el dildo me reventaba las entrañas con cada embestida brutal. El muy cerdo no se detuvo ni para respirar, solo seguía jadeando como un animal en celo mientras me llenaba el culo de babas y sudor, hasta que noté cómo su verga se ponía dura como una piedra dentro de sus pantalones, preparándose para soltar el primer chorro de leche espesa. Me ordenó que me corriera antes que él, así que me agaché un poco más, apoyándome en la pared con las manos temblorosas, y sentí cómo el chorizo xl me rozaba esa zona sensible que hace que a uno se le pongan los pelos de punta. No pude aguantar ni cinco embestidas más antes de que mi propio orgasmo me partiera en dos, con la leche saliendo a borbotones por mi rabo mientras él, sin pensarlo dos veces, me clavó el dildo hasta el fondo y se corrió dentro con un gruñido animal, llenándome el culo de leche caliente que se escurría por mis muslos como si fuera un grifo abierto. Cuando por fin se retiró, el dildo salió con un sonido húmedo y sucio, dejando mi agujero bien abierto y goteando por todas partes, mientras él se limpiaba la boca con el dorso de la mano y me miraba con esa sonrisa de pillo que solo tienen los que acaban de hacer una putada como esta.