Cammy se corre otra vez con la polla bien dura
Cammy llegaba sudorosa del gimnasio con los leggings pegados al coño y los pezones duros marcando la tela, así que lo primero que hizo fue tirarse al sofá y abrir las piernas de golpe. Su novio, que llevaba horas con la verga a punto de reventar, no pudo resistirse y se abalanzó sobre ella clavándole la polla hasta el fondo en un solo empalamiento que le arrancó un gemido gutural. Ella se retorció con los muslos temblorosos mientras él le agarraba el culo con ambas manos para hundírselo más hondo, sintiendo cómo el coño se le empapaba al instante y los jugos le resbalaban por el muslo. La chica, con los ojos vidriosos y la boca entreabierta, se llevó los dedos a la concha para abrirse los labios y dejar que la verga se deslizara sin resistencia, cada embestida le sacudía el vientre y le hacía arquear la espalda con un quejido de puta satisfecha. Él, con los huevos a punto de explotar, le ordenó que se diera la vuelta para empalmarla por detrás, así que Cammy se puso a cuatro patas con el culo en pompa y la cara hundida en el cojín mientras notaba cómo la polla le resbalaba entre las nalgas antes de clavársele hasta el fondo con un sonido húmedo que resonó en toda la sala. Las embestidas eran brutales, cada golpe le llegaba al útero y le hacía gritar de placer, mientras él le azotaba el culo con la mano abierta produciendo un eco sonoro que se mezclaba con sus gemidos. Cuando sintió que el orgasmo le subía por la espalda como un relámpago, Cammy se corrió gritando su nombre con la boca llena de babas, pero él no se detuvo ahí y siguió empotrandola con furia hasta que notó cómo el semen le inundaba el coño, dejándola completamente mojada y temblorosa. Los últimos coletazos del placer les dejaron a ambos jadeando, sudorosos y pegajosos, con las sábanas ya empapadas y el aroma a sexo flotando en el aire como prueba de que la tensión se había liberado por fin.