Estudiante vietnamita de ensueño se masturba en público
La chica llevaba el áo dài blanco ajustado que le marcaba cada curva del cuerpo, con la tela fina casi transparentándose cuando se movía en el transporte público. Él no pudo evitar fijarse en cómo su trasero redondo se balanceaba al caminar, en cómo sus muslos se rozaban con cada paso y en el pequeño lunar que tenía cerca del ombligo. Cuando ella se sentó en el asiento vacío a su lado, el olor a jazmín de su perfume lo envolvió por completo. Sin pensarlo dos veces, deslizó una mano bajo la mesa y rozó sin querer su rodilla, sintiendo la piel suave y tibia que lo quemaba. Ella no apartó la mirada, sino que lo miró directamente a los ojos mientras mordía su labio inferior, como si supiera exactamente lo que estaba pasando por su cabeza. Con un movimiento lento pero seguro, él le levantó un poco el dobladillo del áo dài para ver qué llevaba debajo, descubriendo unas braguitas de encaje rosa pálido que ya estaban empapadas. Sin mediar palabra, ella se subió la falda hasta la cintura, mostrando un coño peludo y bien húmedo que pedía a gritos que lo llenaran. Él no necesitó más invitación: se bajó el pantalón en un segundo, sacó una polla gruesa y dura, y se la enterró hasta el fondo sin piedad, escuchando cómo ella gemía fuerte mientras sus tetas rebotaban con cada embestida. El sonido de sus cuerpos chocando resonaba en el vagón vacío, mezclado con los jadeos y los susurros de ella pidiendo más, más rápido, más profundo. Cuando por fin se corrió dentro de su coño pequeño y estrecho, ella se quedó sin aliento, con las piernas temblorosas y la ropa interior hecha un trapo, mientras él le susurraba al oído lo buena que estaba y lo bien que le había puesto.