Estudiante asiática se traga la polla sin parar
La chica tailandesa de pelo liso y ojos negros no podía creer que su novio le hubiera puesto los cuernos con la vecina, pero ahora mismo solo quería borrarle de un plumazo la mala leche del cuerpo. Se arrodilló frente a él con un coño que ya escurría jugos de puro morbo, se lamió los labios rojos y sin pensarlo dos veces se metió su gruesa verga hasta las amígdalas mientras gemía como una loca. El cabrón le agarraba la nuca con fuerza y le clavaba sus embestidas hasta tocarle el fondo de la garganta, haciendo que ella tosa y escupa saliva espesa por los bordes de su boca sin dejar de chupar ni un segundo. Entre jadeos y babas, él le manoseaba los pechos pequeños pero firmes, apretando los pezones hasta que la morena chilló como una perra en celo y se le puso la piel de gallina. Ella le recorrió con la lengua toda la base del tronco, lamiendo las venas marcadas hasta llegar a las bolsas apretadas que le colgaban, y se las metió en la boca una por una mientras se masturbaba con la mano libre, frotándose el clítoris hinchado hasta dejarlo brillante. Él no pudo aguantar más, le agarró la cabeza con ambas manos y se la empotró hasta que ella se atragantó con un chorro de leche espesa que le resbaló por la barbilla y le mojó el escote de la camiseta ajustada. La muy putita no desperdició ni una gota, se limpió con el dorso de la mano y se la chupó con ojos de viciosa mientras él le decía que era una zorra buena para nada. Pero ella solo sonrió, se pasó la lengua por los labios y le propuso seguirla en su cuarto para darle un masaje con aceite caliente... aunque ambos sabían que terminaría con su polla hasta el fondo del culo.