Después de ducharse se masturba con miedo a que la descubran
El agua aún gotea por su cuerpo cuando ella se apoya contra la pared, los dedos temblorosos bajando hasta su coño mojado. Cada gemido lo ahoga contra el antebrazo, pero el sonido de la ducha no es suficiente para cubrir los jadeos que escapan. Afuera, los pasos de su hermano mayor resuenan en el pasillo, y ella se paraliza, la mano quieta entre las piernas. Respira hondo, escuchando si la puerta se abre, pero solo hay silencio. Vuelve a mover los dedos, más rápido ahora, imaginando que es él quien la penetra de golpe, hasta que las caderas chocan contra su palma. El agua fría no apaga el calor de su piel, y los músculos de las piernas le tiemblan mientras se acerca al orgasmo. Un gemido ahogado se escapa cuando el placer la recorre, pero se tapa la boca con la otra mano, aterrada de que el sonido llegue hasta el salón. El corazón le late tan fuerte que cree que la delatará, pero nadie entra. Cuando termina, se queda apoyada contra los azulejos, el cuerpo todavía temblando, preguntándose si alguien habrá oído algo. Afuera, su hermano sigue en el pasillo, y ella no sabe si reír o llorar de alivio.