Daddy domina al twink sumiso en el calabozo oscuro
—'Abre la boca, putita, que hoy vas a aprender a obedecer'— gruñó JAY JAMES mientras arrastraba al pálido twink al rincón más sucio del calabozo, donde el olor a cuero y sudor lo envolvía todo. Te vas a poner durísimo cuando veas cómo este chiquito de piel suave se arrodilla temblando, con los ojos bajos y la polla ya goteando de puro miedo. JAY JAMES, con su barba espesa y esa mirada que corta como navaja, no pierde tiempo: le agarra el pelo, le empuja la cabeza hacia su verga gruesa y le ordena chupar hasta que le duela la mandíbula. El twink gime ahogado, pero no se atreve a protestar, solo traga saliva y saliva mientras las lágrimas le corren por las mejillas. Imagínate el sonido de esos labios apretados alrededor del glande hinchado, cómo JAY JAMES lo usa como un juguete, embistiéndole la garganta hasta que le falta el aire. Pero esto solo es el principio: cuando lo gira contra la pared, le separa las nalgas y le clava un dildo de un solo empujón, el twink grita tan fuerte que las paredes retumban. —'¿Te duele, perra? Pues esto es nada comparado con lo que viene'— susurra JAY JAMES mientras le escupe en el culo y se prepara para empotrarlo de verdad. Vas a ver cómo ese cuerpito delgado se sacude con cada embestida, cómo los gemidos se vuelven más agudos, más desesperados, hasta que JAY JAMES lo gira de nuevo y lo obliga a mirarlo mientras le rompe el culo a fondo. El twink llora, suplica, pero JAY JAMES solo sonríe y le ordena: —'Córrete para mí, putita, o te dejo seco y sin permiso'— y el pobre chiquito no puede hacer otra cosa que obedecer, explotando en su mano mientras JAY JAMES sigue follándolo sin piedad. Al final, cuando el twink ya no puede ni gemir, JAY JAMES lo deja tirado en el suelo y le escupe en la cara. —'La próxima vez, trae más resistencia, maricón'— y se aleja, dejando al twink temblando y con el culo ardiendo.