El ruso que se atrevió a retarme con su polla gigante
Esa noche en el club, el ambiente estaba cargado de tensión sexual y yo ya llevaba horas buscando un reto. Cuando lo vi acercarse con esa sonrisa de 'te voy a partir en dos', supe que era mi oportunidad. Le dije que si creía que su verga podía conmigo, que me la metiera hasta que no pudiera ni gemir. Él, todo confiado, me empujó contra la pared y me bajó los pantalones de un tirón. Su polla era gruesa, caliente y ya chorreando cuando la sentí rozar mi culo. '¿Seguro que aguantarás?' me susurró al oído mientras me escupía en el agujero. No le respondí, solo me arqueé para que entrara de una estocada. El dolor fue intenso, pero más intenso fue el placer cuando empezó a embestirme sin piedad. Cada vez que me penetraba hasta las pelotas, yo gritaba más fuerte, retándolo a que me hiciera correrme. Sus manos me agarraban las caderas con fuerza, marcándome la piel, mientras su verga me taladraba sin descanso. '¿Te gusta, perra?' me preguntó, y yo solo pude gemir 'más fuerte, cabrón'. Cuando por fin se corrió dentro de mí, su leche caliente me llenó entero. Lo que no esperaba era que, al terminar, él se desplomara en el suelo, sudando y jadeando, mientras yo me reía porque al final fue él quien no pudo más.