Chica india con curvas hace mamada en el parque
La morena de tetas grandes y culito prieto no pudo resistirse cuando él le soltó que llevaba semanas soñando con sentir su boquita caliente alrededor de su verga gruesa mientras le agarraba el pelo con fuerza. Se quitó la camiseta sin pudor y se arrodilló sobre la hierba húmeda, dejando que su polla palpitante le rozara los labios carnosos antes de metérsela hasta la garganta con un gemido ahogado. Él le sujetó la cabeza con ambas manos y empezó a embestirle la boca sin piedad, sintiendo cómo su lengua juguetona le lamía el tronco cada vez que la sacaba entrecortadamente para respirar. La chica, con los pechos rebotando bajo su sujetador negro, se agarraba a sus muslos musculosos mientras él le metía los huevos hasta el fondo de la garganta, haciendo que se le saltaran las lágrimas de lo profundo que la penetraba. Entre jadeos y risitas traviesas, ella le acariciaba los huevos con una mano mientras con la otra se masturbaba el coño empapado, que ya le goteaba por las piernas al ritmo de sus empujones brutos. Él no pudo aguantar más y le escupió en la boca antes de correrse con fuerza, llenándole las mejillas de leche espesa que ella tragó con avidez mientras se limpiaba los restos con los dedos para chupárselos después. La morena, con la cara pintada de semen, se levantó y se restregó contra él frotándose el culo contra su verga aún dura, pidiendo más sin decir una palabra. Se besaron con pasión mientras él le mordisqueaba los pezones duros a través de la tela del sujetador, y ella le susurró al oído que quería que la empotrara contra el árbol del parque para que todos los vecinos supieran lo puta que podía llegar a ser. Él la levantó en volandas y la estrelló contra el tronco rugoso, subiéndole la falda para dejarle el culo al aire mientras le metía dos dedos en el coño empapado antes de clavársela de una sola estocada que la hizo gritar como una loca. Las embestidas eran tan brutales que el sonido de sus cuerpos chocando se mezclaba con los gemidos ahogados y los chasquidos de la leche que le salpicaba la espalda a cada empujón. Cuando ella se corrió, sus jugos le resbalaron por las piernas mientras él la sujetaba por las caderas, sin dejar de embestirle el coño hasta vaciarse de nuevo dentro de su interior caliente y tembloroso.