Cherry Kiss se deja comer el coño con su polla enorme
La habitación estaba bañada en una luz tenue, las cortinas medio corridas dejaban entrar solo un hilo de sol que iluminaba la piel blanca de Cherry Kiss, tendida en la cama con las piernas abiertas y el coño ya mojado de anticipación. Sabía que esto estaba mal, que no debía estar aquí con Lutro, pero el calor entre sus muslos le nublaba la razón. Él se arrodilló entre sus piernas, mirándola con esa sonrisa pícara que siempre la volvía loca, y antes de que pudiera protestar, hundió la cara en su coño, chupando con fuerza mientras ella arqueaba la espalda y gemía sin control. Sus dedos se clavaban en las sábanas, los muslos le temblaban, y cada lamida la acercaba más al borde. Lutro no le daba tregua, alternando entre chupar su clítoris hinchado y meter la lengua hasta lo más profundo, haciendo que su respiración se volviera irregular. Cuando por fin la penetró, fue con un empujón seco que la hizo gritar, sintiendo cómo su polla gruesa la llenaba por completo. Se movía con ritmo lento al principio, pero pronto aceleró, embistiendo con fuerza mientras ella le clavaba las uñas en la espalda, pidiéndole más. En más de 12 minutos de escena, no hubo un solo momento de descanso, solo gemidos ahogados y el sonido de sus cuerpos chocando. Al final, cuando él se corrió sobre su vientre, Cherry Kiss solo podía pensar en lo mal que se sentía por desearlo tanto, pero también en lo bien que se sentía al ceder.