Naomi se corre gimiendo con polla salvaje
La morena más caliente de la fiesta no pudo resistirse cuando él le agarró el culo con fuerza y le clavó la polla bien dura contra la pared del baño. Naomi jadeaba como loca, con los tacones clavados en el suelo y el vestido arremangado hasta la cintura mientras él la empotraba sin piedad. Cada embestida le arrancaba un gemido ronco que resonaba en el espejo empañado por el vapor de sus cuerpos sudados. Él le mordisqueaba el cuello mientras sus dedos jugaban con el coño mojado, ya chorreando de ganas por ser llenada hasta el fondo. Naomi no podía aguantar más, arqueaba la espalda y gritaba con la voz quebrada, suplicando que no parara aunque ya sintiera el primer orgasmo sacudiéndole las piernas. Él la volteó de golpe, empujándola contra el lavabo frío que le heló la piel ardiente mientras le abría las nalgas con las manos para clavarle la polla hasta la garganta. Los sonidos húmedos de sus cuerpos chocando llenaban el pequeño baño, mezclados con los jadeos desesperados de Naomi, que se corría una y otra vez sin poder controlar los espasmos que le recorrían el coño palpitante. Él no se detendría hasta dejarla temblando, con las bragas rotas y el maquillaje corrido por las lágrimas de placer que le brotaban sin parar. Cuando por fin se vino dentro de ella, Naomi chilló como una animal en celo, sintiendo cómo la leche caliente le llenaba el coño hasta rebosar por los muslos. No había duda: esa noche sería recordada como la más salvaje de su vida, la que dejó a ambos satisfechos, sudados y con las piernas temblorosas de tanto follar.