Vecina traviesa se corre una y otra vez con medias y vibrador
No podía creer lo que vi cuando abrí la puerta de mi habitación: Mily Moony, la vecina de enfrente, había entrado sin que me diera cuenta y estaba en cuatro patas sobre mi cama, con las medias de nylon ajustadas a sus muslos gruesos y el culo redondo levantado como una oferta. Al principio pensé que era un sueño, pero el sonido del vibrador entre sus piernas y sus gemidos ahogados por los calcetines que le tapaban la boca me confirmaron que era real. Me acerqué sigiloso, excitado por lo que veía, y cuando notó mi presencia, sus ojos se abrieron de par en par, pero no se detuvo. En vez de eso, empujó su coño mojado contra el vibrador con más fuerza, como si me retara a participar. No me hice esperar: le arranqué las medias de un tirón, dejando al descubierto su piel suave y caliente, y le clavé los dedos en las caderas para mantenerla quieta mientras la penetraba de una estocada hasta que las caderas chocaron. Su grito ahogado por el calcetín se mezcló con el sonido de mi polla entrando y saliendo de su coño apretado, y cuando sentí que se corría por primera vez, su cuerpo tembló como si le hubieran dado un shock eléctrico. Pero no era suficiente: le di la vuelta, la puse boca arriba y le separé las piernas para ver cómo su coño seguía latiendo de placer. Con los tacones altos clavados en mi espalda, me hundí en ella una y otra vez, disfrutando de cómo sus tetas saltaban con cada embestida. En más de 10 minutos de escena, la hice correrse tres veces, cada vez más fuerte, hasta que su mente ya no podía distinguir entre el dolor y el placer. Al final, mientras se mordía los labios para no gritar, supe que había descubierto algo en mí que nunca olvidaría.