Rosebrutal y su venganza caliente con lencería negra
La cámara temblaba levemente, captando el brillo del sudor en la espalda de Rosebrutal mientras se acomodaba sobre la cama, los muslos ya temblorosos antes de empezar. Él respiraba con fuerza, imaginando al tipo que había tenido ese coño antes, y justamente por eso iba a arruinarla bien. La lencería negra se le pegaba a la piel como una segunda capa, marcando cada curva mientras ella se inclinaba hacia adelante, los pezones duros rozando el aire antes de que él la agarrara del cuello, empujándola contra el colchón. Los gemidos de Rosebrutal eran música para sus oídos, cada uno más desesperado que el anterior, y cuando él empezó a embestirla, el sonido de la carne chocando resonaba en la habitación. Ella mordía la almohada, pero no podía contener los gritos cuando él la penetraba hasta que las caderas chocaban, sus uñas clavándose en la espalda masculina. Rosebrutal movía las caderas con furia, como si cada estocada fuera una afrenta al hombre que la había ignorado, y cuando él la volteó, dejando su culo al aire, ella arqueó la espalda, gimiendo más fuerte. Las gotas de sudor caían sobre su piel, mezclándose con su humedad, y cuando él le dio una nalgada, el sonido seco la hizo arquearse aún más. Rosebrutal no se detenía, moviéndose más rápido, más duro, hasta que ella apretó los muslos al sentir el orgasmo acercarse. Él la agarró del pelo, tirando hacia atrás mientras se corrían juntos, y cuando ella ya no podía más, él le susurró al oído: "¿Así follaba él, puta?"