Oliver se masturba frente al lago con su polla monstruosa
—No sabes lo que te pierdes— susurras mientras te agarras la verga con fuerza, sintiendo cómo late entre tus dedos. Oliver, ese nadador de hombros anchos y cuerpo esculpido, te mira con una sonrisa pícara mientras se recuesta contra el tronco de un árbol, su polla gruesa y venosa ya medio dura. Te la acaricias despacio, imaginando cómo sería sentirla dentro de ti, cómo te llenaría hasta las pelotas mientras el agua del lago refleja el sol sobre sus abdominales marcados. La brisa fresca no hace nada para apagar el calor que te sube por el cuerpo, y te inclinas hacia adelante, acercándote a él como si quisieras robarle lo que otro no pudo darle. Te la chupas con ganas, sintiendo el sabor salado de su pre-cum en la lengua, mientras él gruñe y te agarra del pelo, tirando de ti hacia su polla como si quisiera marcarte. Te la metes hasta el fondo, sintiendo cómo se hincha más en tu boca, y él gime tu nombre entre dientes, como si esto fuera una venganza por algo que no puedes nombrar. Te la sacas y te la empiezas a pajar con furia, imaginando que él también te está follando, que te está usando para olvidar a quien lo dejó con las ganas. En más de 13 minutos de escena, ves cómo su polla late, cómo el semen espeso se acumula en la punta, y sabes que va a correrse pronto, que va a llenarte la boca o la cara, y que no habrá piedad. Cierras los ojos y piensas en cómo te sentirías si él te empujara contra el suelo, si te abriera las piernas y te empotrara contra la hierba, mientras el agua del lago sigue corriendo indiferente a tu placer.